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2020-12-21

Probióticos y bacterias vivas parte I

Cada vez nos encontramos con más alimentos en las estanterías de los supermercados etiquetados como “probióticos”, “bifidus”, “contiene bacterias vivas” o similar. Pero ¿a qué se refieren?

Un poquito de historia

El uso de microorganismos vivos con propósitos terapéuticos tiene una larga historia, y se lleva ejecutando incluso desde antes del descubrimiento de su propia existencia. El concepto de probiótico fue introducido a principios del siglo pasado por el Pr. Metchnikoff, que afirmó que el consumo de microorganismos vivos del yogur era asociado a una mejora de la función del sistema gastrointestinal y que incluso podía prolongar la vida. Hoy en día la definición de microorganismos probióticos, establecida por la FAO/WHO en 2001, es de “microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, confieren un beneficio a la salud del huésped”.

¿Pero, más allá de la definición general, qué son los probióticos?

Generalmente, se trata de cepas concretas de bacterias acidolácticas (distintas especies del género Lactobacillus), bifidobacterias, y algunas cepas específicas de levaduras y bacterias aisladas de los alimentos o del tracto intestinal humano. Para calificarse de probióticos, además de aportar un beneficio para la salud, los microorganismos deben de ser capaces a sobrevivir a las condiciones del tracto digestivo y de proliferar en el intestino del huésped. Los efectos beneficiosos de la actividad biológica de los probióticos pueden ser muy variados y repercutir en los distintos sistemas del organismo humano en función del modo de acción del microorganismo empleado. Estos beneficios son específicos de una cepa concreta.

¿Y cuáles son sus beneficios?

Los beneficios más ampliamente reconocidos por consumir alimentos ricos en probióticos o cepas aisladas es la mejora de la respuesta inmunitaria y reducción de la incidencia o duración de ciertos tipos de diarrea, tanto asociadas a diarreas víricas, como bacterianas y causadas por el consumo de antibióticos. Asimismo, el consumo de ciertos probióticos también se asocia al tratamiento y prevención de otras enfermedades gastrointestinales comunes, tales como el síndrome del intestino irritable, la enfermedad de Crohn o la infección por Helicobacter pylori. Dentro de esta categoría se podrían incluir las bacterias del yogur, Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus que, a pesar de su incapacidad de sobrevivir las condiciones del tracto digestivo, ayudan con la digestión de la lactosa, y cierta capacidad de modular la respuesta inmunitaria se asocia a su consumo.

Otras condiciones con posible tratamiento por probióticos son las alergias, infecciones genitourinarias, la reducción de los niveles de colesterol en sangre o de caries, e incluso la protección frente algunas actividades carcinogénicas, así como muchos más. Sin embargo, extensos estudios in vivo se requieren para poder desarrollar terapias efectivas a base de probióticos, y la mayoría de los profesionales recomiendan la bacterioterapia como una terapia adyuvante, y no como el tratamiento primario.

Para obtener más información sobre cómo el consumo de probióticos puede beneficiarte, recomendamos visitar la Asociación Científica Internacional para los Probióticos y los Prebióticos (ISAPP) en https://isappscience.org/.

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